El retraso del lanzamiento del Fold, una decisión valiente de Samsung

Samsung ha tomado la decisión correcta. No quiere repetir el error del Note 7 e investiga a fondo posibles problemas en la pantalla flexible del Galaxy Fold.

Hace menos de dos años y medio, en agosto de 2016, Samsung lanzó al mercado su nuevo Note 7, el modelo más alto, el más profesional, el que lleva los mejores componentes del momento. Apenas dos meses después lo descatalogó. El equipo de diseño de las baterías había fallado. Algunas unidades entraron en combustión. Incluso con edificios emblemáticos del centro de las principales ciudades encartelados de arriba abajo con anuncios gigantes del Note 7, la compañía coreana no tuvo más remedio que frenar en seco la sangría de credibilidad que le suponía cada terminal, cada batería, dañado.

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Así se ve la pantalla interior del Galaxy Fold. Se abre como un libro. Es en esta pantalla en donde varios periodistas estadounidenses han descrito fallos importantes.

El Galaxy Fold presentado el 20 de febrero, unos días antes de que comenzara en Mobile World Congress de este año, iba a ser el móvil revolucionario. Tras un lustro diciendo que cada nuevo año iba a ser el año en el que veríamos teléfonos con pantalla flexible, por fin había llegado el momento. Samsung iba a festejar el décimo aniversario de su familia Galaxy con un equipo plegable.

Lo cierto es que la recepción fue un tanto fría. Primero porque el terminal no se pudo tocar, segundo porque el precio anunciado era desorbitado, tercero porque no se sabía muy bien cuáles iban a ser los casos de uso que lo harían tan especial…

Para colmo de males, cuatro días más tarde, en el Mobile World Congress, Huawei mostró su propio móvil flexible, el Mate X, para muchos, un mejor acercamiento que el de Samsung En este sentido, me reservo mi opinión hasta haber probado los dos, pero vaya por delante que en ambas propuestas veo el mismo problema. Cada vez se usan más los móviles para consumir contenido audiovisual: series, películas, clips de Youtube… Ese contenido es panorámico, mientras que las pantallas extendidas del Galaxy Fold y el Mate X tienen formatos casi cuadrados, es decir que el espacio real de visualización de una película no va a ser mayor que en un móvil grande.

La hoja de ruta para el Galaxy Fold estaba marcada en los calendarios: el día 20 de febrero, presentación mundial con retransmisiones en directo en distintas capitales, convocatorias para la prensa y para “influencers”; expuesto en dos vitrinas casi acorazadas en la zona de Samsung en el Mobile World Congress; 24 de abril demos y cesiones del equipo y 26 del mismo mes, apertura de las reservas de compra.

Entre medio, un reducido número de periodistas recibieron muestras para probar. Y aquí surgió el problema. Los que lo probaron en España o no fueron capaces de detectar fallos o no lo dijeron, pero varios periodistas estadounidenses señalaron deficiencias importantes en la pantalla. En algunos casos, fueron debidos a que retiraron una película protectora que no de debe quitar, pero en otros, el fallo estaba ahí.

Y debía ser un fallo real, porque Samsung se lo ha tomado muy en serio, tanto que ha cambiado la hoja de ruta y todavía no ha adelantado las nuevas fechas: “Para poder analizar en detalle dichos comentarios y realizar más pruebas internas, hemos decidido posponer el lanzamiento del Galaxy Fold. En las próximas semanas anunciaremos la fecha oficial de lanzamiento del dispositivo”. Es lo que dice el comunicado de la compañía, que añade: “Los resultados iniciales del análisis de las incidencias en las pantallas de las que hemos tenido noticia muestran que estas podrían deberse a impactos en las áreas más expuestas de la bisagra,  su parte superior e inferior. También hemos conocido un incidente en el que sustancias encontradas dentro del dispositivo afectaron al rendimiento de la pantalla”.

El aplazamiento del lanzamiento es la decisión lógica. Con la lección de lo que sucedió con el Note 7 aprendida había que actuar rápido: cortar el problema de raíz. Sobre todo porque las condiciones del mercado han cambiado en los dos años y medio transcurridos entre el lanzamiento del Note 7 y el del Fold. En 2016 Samsung dominaba el mercado de los móviles Android con soltura. Tenía colchón suficiente para rectificar una metedura de pata. Pero en 2019 siente el aliento de Huawei en la nuca. Este fabricante chino -que tiene sus problemas en la guerra comercial sinoamericana- tiene la voluntad declarada de adelantar a Samsung como fabricante de móviles. Y ahí está.

La detección de estos fallos en la pantalla del Samsung Galaxy Fold vuelve a sacar a la palestra uno de los misterios de la tecnología. Pongamos que Apple va a lanzar una nueva versión de su sistema operativo para móviles (iOS), antes de lanzarla oficialmente abre un periodo de prueba con decenas, centenares de miles de voluntarios que la usan participan de un ensayo colectivo para detectar fallos. Meses después con todos esos fallos reportados corregidos, se ofrece la final. Y una semana o un mes más tarde, hay que preparar y distribuir parches para corregir defectos.

Pues bien, ¿qué ha pasado? ¿Samsung no ha probado sus pantallas? ¿No ha comprobado que funcionaban? Claro que lo ha hecho. En este vídeo se ve cómo se comprueban las pantallas. Un sistema automatizado abre y cierra seis Galaxy Fold ininterrumpidamente. Las bisagras y la pantalla plegable se han probado 200.000 veces. Pero una cosa es el laboratorio y otra llevar un móvil en el bolsillo.

Por cierto, desde ayer (22 de abril) a hoy (23 de abril) el Galaxy Fold ha desaparecido de los destacados de la web de Samsung. Si alguien lo quiere ver, puede acceder a través del cajón de búsquedas o en este enlace.

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