Redmi Note 7, el primero de la nueva marca de Xiaomi

Xiaomi ha convertido su gama Redmi en una nueva marca. La inaugura con el Note 7: espléndido diseño, buena pantalla, cámara más que aceptable… sobre todo para un equipo que no llega a los 200 euros.

La moda entre los fabricantes de móviles la comenzó Huawei cuando creó Honor como una segunda marca. Pero Xiaomi está siendo un gran discípulo. No sólo está logrando hacerse con un buen bocado de la tarta del mercado de móviles, sino que incluso aventaja a Huawei en la creación de marcas. Primero lo hizo con PocoPhone y ahora con Redmi.

Parece que su estrategia es lanzar segundas marcas para nichos y quedarse con Xiaomi para ofrecer los equivalentes a los topes de gama. Así, PocoPhone se caracteriza por móviles muy potentes pero que olvidan un tanto el diseño y se concentran en dar características técnicas a precio rompedor; Redmi dignificaría los terminales de entrada con diseños y materiales más premium sin penalizar el precio y Xiaomi quedaría con las manos libres para competir en las cotas más altas, donde se pueden poner precios mucho más altos.

Al Note 7 le ha tocado desempeñar el papel del barato pero resultón. Y resultón es un rato, comenzando por su diseño y terminando por sus cámaras. No sé bien cómo nombrar el color del terminal que he estado probando. Para mí es entre morado y azul marino, aunque ellos lo llaman Azul Neptuno. No tiene un degradado tan extremo como los del P30 de Huawei, por ejemplo, pero da un cierto aire de seriedad.

Ese degradado con cierto tornasolado lo permite una trasera no metálica -ni plástica, por supuesto-, sino de cristal Corning Gorilla Glass 5.0, la última versión, que ofrece mayor protección frente a golpes y arañazos. La pantalla crece algo sobre la versión del Note 5 previo y alcanza las 6,3 pulgadas, mejor aprovechadas porque el notch, la muesca en la que se esconden cámaras y sensores, tiene en este caso forma de gota. Los marcos son bastante reducidos excepto el inferior.

Pantalla

La resolución de la pantalla es Full HD+ (2.340 x 1.080 píxeles) y el cristal no se funde con el borde metálico con en los terminales de alta gama. No es 3D, sino 2,5D. Un pequeño inconveniente que le da la sensación de ser algo más grueso de lo que es (8,1 milímetros sin contas con la protuberancia de las cámaras traseras).

El procesador es el Snapdragon 660, que ya ha probado su eficacia en otros equipos, y se apoya en cuatro gigas de memoria RAM. Entre ambos son capaces de hacer que el rendimiento del Redmi Note 7 sea notable, aunque no es un móvil destinado para jugadores irreductibles de títulos muy demandantes de potencia gráfica. Si quieres jugar a Fortnite, busca otro modelo, pero te va a costar el doble.

Hablo de cuatro gigas de RAM porque es el terminal que he probado. Hay una versión con tres gigas. Tiene el inconveniente de que el almacenamiento es de 32 GB, frente a los 64 de este otro. La diferencia de precio es de 20 euros (179 a 199 euros) pero compensa mucho. De verdad, es muy aconsejable hacer un esfuerzo y optar por el de 4 de RAM y 64 de almacenamiento, aunque tiene bandeja para tarjetas de memoria de hasta 256 megas.

4.000 miliamperios

Es algo más voluminoso y pesado que otros equipos de su misma gama, pero también hay que achacarlo a una gran batería. Como en su predecesor, es de 4.000 miliamperios y, además, es compatible con carga rápida a 18 vatios.

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Trasera de cristal, en este caso en color ‘Azul Neptuno’. El escáner de huellas está centrado y las cámaras se aprecian en la parte superior izquierda.

En un terminal de 200 euros no se puede esperar que tenga un sistema de reconocimiento facial bueno. Éste, de hecho, no lo tiene como opción (al menos, de momento). En lugar de ello, tiene un lector de huella dactilar que funciona muy bien. Es rápido y fiable. Personalmente, prefiero que no tengan desbloqueo por reconocimiento facial si no funciona bien. Y hay muy pocos equipos que lo hagan. Si me apuran, uno.

La ausencia de un buen sistema de reconocimiento facial es lo que permite que el flequillo de la pantalla delantera sea pequeño y posibilite un mejor aprovechamiento de la pantalla.

La hora de las cámaras

Uno de los banderines de enganche del Redmi Note 7 son los 48 megapíxeles de la cámara. Sin embargo, no hay que llamarse a engaño. La resolución máxima de sus tomas es de 12 millones de píxeles. Como en otras cámaras (en esta ocasión el sensor es de Samsung) de móviles utiliza la tecnología denominada pixel binning, cada píxel real está apoyado por otros tres que permiten una mejor captura de luz.

Las dos cámaras traseras son de 48 y 5 millones de píxeles respectivamente; básicamente, una principal y una de apoyo como auxiliar para tareas como medir la profundidad y poder hacer un desenfoque de fondo aceptable. La frontal, la de los selfies, es de 13 megapíxeles.

La Inteligencia Artificial es otra de las características que hay que destacar en la ficha técnica para no desentonar. Sin embargo, al igual que pasa con otros móviles, la IA termina generando fotografías irreales. Está bien para experimentar o para ver lo que se esconde en zonas oscuras, pero no para retratar la realidad. En contra, el modo nocturno, en ciertas condiciones, es todo un acierto.

En definitiva, un móvil con una pantalla grande y con un nivel de brillo suficiente para usarlo a la luz del día y que respeta los colores reales; con una cámara que hace su trabajo (en modo automático, retrato y nocturno) como debe, con un procesador con buen rendimiento y con un diseño muy destacable por 199 euros. Lo que se espera de un Redmi Note.

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