Trump contra Huawei, ¿perderá Google?

La inclusión de Huawei en la lista negra de Trump obliga a que Google rompa relaciones comerciales con la compañía China, dejándola fuera de Android.

El año pasado Huawei vendió 206 millones de teléfonos móviles. Siendo conservadores, en todo el mundo habrá más de 500 millones de terminales activos de esta marcha china. Mantengamos esta cifra como telón de fondo, porque las medidas de Trump en su guerra comercial contra China por mantener la hegemonía económica mundial pueden ocasionar bajas por fuego amigo.

Hace 12 años Apple lanzó su primer iPhone. Pero no sólo era un teléfono diferente por su pantalla capacitiva -se podía manejar con varios dedos a la vez- o su diseño; a su alrededor habían creado un ecosistema de aplicaciones que permitían hacer de todo, desde acceder a los resultados financieros, crear álbumes de fotos, listas de reproducción de música… venía con las herramientas necesarias preinstaladas, pero también se podían descargar miles de aplicaciones desde su plataforma.

Apenas un año después Google lanzó Android con un concepto similar, pero como open source, cualquier fabricante podría utilizarlo. Esta característica, junto con el esfuerzo por ponerse a la altura del iOS de Apple, le han permitido dominar holgadamente el mercado de los sistemas operativos. En España la relación Android-iOS (Apple) es de 90%-10%; en el mundo los datos no son tan extremos: 80%-15% (queda un resto para Windows y otros).

Si bien los primeros móviles en adoptar Android como sistema operativo fueron los de HTC, Samsung sería la firma que sabría sacarle todo el partido. Este fue el binomio ganador y marcó el ritmo hasta que Huawei irrumpió con fuerza en el mercado y demostró que había hueco para otros.

Huawei en ciertos mercados ya ha desplazado a Apple como segundo por detrás de Samsung y otros fabricantes chinos como Xiaomi, Oppo o OnePlus vienen pisando fuerte.

Éste es el panorama en el que estalla la guerra comercial entre Trump y China. Aunque debe aderezarse con otro componente: las redes. Porque si Huawei no fuera líder en infraestructuras de red (tanto fija: fibra y cable) como móvil (4G y ahora aspira al 5G) es probable que la presión de EEUU habría sido menor.

Nada más conocerse la decisión de Google, se especuló razonablemente, que los terminales de Huawei que ya estuvieran en el mercado y los que permanecen en stock no podrían recibir las actualizaciones periódicas de Android. Eso supondría una gran oportunidad para que los crackers exploten los agujeros de seguridad que se van descubriendo y que quedarían sin parchear en ausencia de las actualizaciones.

Sin embargo, desde Huawei, afirman que “seguirá proporcionando actualizaciones de seguridad y servicios postventa a todos los smartphones, tabletas y dispositivos Huawei y Honor, tanto a los que ya se hayan vendido como a los que siguen estando en stock en todo el mundo“. Esto rebaja la presión inicial, pero no la del corto plazo. Si las medidas se mantienen, Huawei no podría instalar el Android habitual en sus próximos terminales ni actualizarlos.

En principio, Android es un sistema operativo de código abierto, pero no todo Android, ya que cuando un usuario desempaqueta su móvil (o tableta) se encuentra con el propio sistema operativo instalado y con unas cuantas aplicaciones “imprescindibles” que llevan el sello de Google pero que constituyen un paquete comercial compuesto por los Google MObile Services y las Google Apps: Gmail, Maps, Chrome, Google Play… Esto le estaría vetado a Huawei.

Desde que se comenzaron a tensar las relaciones entre Estados Unidos y China poniendo a compañía como ZTE y Huawei en primera línea del frente, en Huawei han estado buscando posibles soluciones. Una de ellas pasaría por instalar como sistema operativo Google AOSP (Android Open Source Project) y complementarlo con herramientas propias otra, crear el propio sistema operativo o, incluso, comprar uno o elevar algún proyecto ya existente.

Hay ejemplos de todo ello. Cyanogen podría ser uno de ellos. Ya está discontinuado y ha heredado el proyecto LineageOS. Otra opción: mejorar Tizen hasta convertirlo en un OS robusto suficiente para dar el salto de los wearables a los móviles. La solución en la que parecían trabajar en Huawei, y así lo manifestó su CEO, Richard Yi, a principios de marzo, es un sistema operativo propio.

Si la guerra continúa, podría darse el caso de que no sólo Google perdiera los 500 millones de terminales de Huawei y los futuros, sino que otros fabricantes se podrían sumar y optar por ese nuevo sistema operativo. En principio, no le vendría mal a un sector que ya es en ciertos países un monopolio. Evidentemente, el riesgo radica en que el mercado se parta en dos: Este y Oeste, pero es algo que ya existe. La política proteccionista china, por ejemplo, ha hecho prácticamente imposible que Amazon, WhatsApp… funcionen en el país asiático y ha abierto huecos para servicios y aplicaciones locales.

Al divorcio se han sumado también los padrinos. No sólo Google ha anunciado su ruptura comercial con Huawei, sino que se han unido fabricantes de componentes como Intel o Qualcomm. En la división móvil, la empresa china está bastante protegida, porque produce sus propios procesadores Kirin con módems Balong, pero puede depender de proveedores externos de memoria, batería… Es en los portátiles en donde es más dependiente de los procesadores ‘made in USA‘.

¿Podrá esquivar Huawei el ataque? ¿Podrá reemplazar el Android convencional por otro sistema operativo? ¿Le puede pasar factura a Google? Lo iremos sabiendo a medida que se desvele el calado de la suspensión del negocio y la reacción de otros interesados.

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