Con el Echo Flex, Alexa se mete en cualquier lugar que tenga enchufe y WiFi

Mide siete por seis centímetros, se conecta directamente a cualquier enchufe y fiene las funciones compartidas de un Echo, pero ¿está diseñado para colocarlo en dónde?


Es pequeño y compacto, aunque si lo vas a conectar a una regleta lo más seguro es que pierdas dos espacios. Parece un enchufe inteligente, uno de esos a los que conectamos un aparato para poder controlarlo por voz, pero no lo es. Es un Echo con todas sus funciones habituales. Es decir, le podemos pedir que encienda o apague las luces, cualquier aparato conectado a un sistema inteligente, que nos diga el tiempo meteorológico o el tráfico hasta el trabajo. Y sí, también nos contará chistes y nos sirve de cronómetro para hervir unos huevos o unos espaguetis. Incluso le puedes pedir que te reproduzca tu canción favorita, aunque no es recomendable.
Los Echo, al igual que otros altavoces inteligentes de terceros fabricantes compatibles con el ecosistema de Amazon, acostumbran a tener un altavoz (o juego de altavoces) que al menos se defiende reproduciendo música. El Flex no es de esos. Vale que te puede contar un chiste o decirte las noticias o el tiempo, pero si le pides tu canción corres el riesgo de que deje de ser tu favorita. En la propia ficha del equipo lo describen como “minialtavoz”, con un cono de 0,6 pulgadas, una pulgada menos de diámetro que el altavoz del Echo Dot.

¿Cuestión de precio?

Es cierto que también es el Echo más barato. El precio oficial son 29,99 euros y durante el Black Friday ha bajado hasta los 19,99; pero el Echo Dot, con precio reglamentario de 59,99, estaba a 22 euros. Y donde cabe un Echo Flex, cabe un Echo Dot y suena muchísimo mejor.
Hemos dicho que es pequeño, fácil de instalar -descargar la aplicación Alexa en el móvil, enchufarlo a la pared y seguir las indicaciones. Como siempre, lo más difícil es tener la clave de la WiFi a mano (si has configurado otros Echo, no la necesitarás)-, y con las funcionalidades habituales de los altavoces compatibles con Alexa; tiene dos micrófonos de largo alcance, botón para cortar los micrófonos y mantener la privacidad y, además de WiFi es Bluetooth, por lo que se le pueden conectar altavoces inalámbricos (también a través de un puerto para auxiliares de 3,5 mm, el mini jack de toda la vida). El problema es que no hace nada que no haga un Dot y lo hace con peor sonido.

La respuesta está en el USB

La respuesta al espacio al que va destinado -el Echo Dot parece destinado a la mesita de noche del dormitorio, el Show a la cocina (también al dormitorio o al cuarto de estar), el Studio para acoplarse a la tele, la videoconsola o el equipo de música, los Echo y Echo Plus a las zonas de estar y escuchar música…- se puede hallar en la conexión USB tipo A que tiene en la base. Ya hay al menos dos accesorios para esa conexión: una luz de noche y un sensor de movimiento.
En una casa grande, al estilo norteamericano, es posible que sea útil para zonas de paso: el sensor de movimiento podría desencadenar alguna rutina como encender luces, mientras que mediante la voz podríamos pedirle al Flex que encendiera la luz del pasillo o la apagara. Todo esto complementado con el resto de funciones.
Una de mis primeras ideas fue colocarlo en la entrada, donde no tengo otros Echo. Así podrías decirle a Alexa que ya estás en casa y te podría poner música y encender la luz. Pero ahí se acabó hasta que cuando te vas de casa le digas “Alexa, salgo de casa” y se encargue de apagar la luz.

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