Jugando a cepillarte los dientes como es debido

El cepillo Oral-B iO series 9 se vende con una funda de viaje que sirve como estuche de carga. La base de carga doméstica es una peana magnética; mientras se recarga la batería por inducción el cepillo se mantiene en pie sobre ella.

Oral-B iO es lo último de lo último de Braun para el cuidado dental, un cepillo “inteligente” que te guía y te reta para que te limpies bien los dientes.

El cepillo de dientes Oral-B iO no es para niños. Es un cepillo para adultos. Y, sin embargo, por el título que he puesto a este artículo podría parecer que fuera para niños. Pero es que muchas compañías tecnológicas están empeñadas en que cumplamos ciertos objetivos jugando.

Es un fenómeno tan extendido que se ha acuñado el término gamificación, es decir, aplicar las mecánicas de los juegos a ámbitos ajenos (por cierto, la Fundéu -Fundación del Español Urgente- prefiere ludificación). Así, se aplican esas técnicas a la educación, al marketing…

Por ejemplo, Apple lo hace con sus Watch. Te reta a que te pongas de pie al menos un minuto durante 12 horas al día; a que superes los pasos, los minutos de ejercicio… y te va dando medallas. Estos dos últimos meses, además de ponerme de pie, lavarme las manos cada poco tiempo durante 20 segundos, caminar 15.000 pasos, hacer más de 45 minutos de ejercicio… he estado jugando a lavarme los dientes con el iO de Braun.

El nuevo cepillo Oral-B iO no sólo ha introducido cambios mecánicos y de diseño (también en el sistema de carga), sino que incorpora una serie de herramientas de ludificación para lograr que el cepillado dure lo que debe durar, se mantenga la presión adecuada y se actúe en todas las zonas.

Comenzando por la última parte, la del juego, este cepillo cuenta con un código luminoso. Un sensor de presión activa un anillo luminoso que nos indica cuál es la presión adecuada. Aquí el juego está en mantenerlo en verde; si es rojo es que apretamos demasiado y si está en blanco azulado que nos quedamos cortos. Yo me suelo pasar de presión en cada cepillado unos siete segundos. Me lo dice la aplicación que controla el lavado de dientes.

Claro, ahora uno no puede separarse del móvil ni para lavarse los dientes. Es broma. Pero éste es otro valor añadido del Oral-B iO. La app gratuita Oral-B no sólo sirve para recordarnos cuándo tenemos que cambiar el cabezal, sino que mide y analiza nuestros lavados y los guía. El cepillo cuenta con un sistema de sensores que permite saber la posición relativa que tiene y de esa forma sabe (mejor, trata de adivinar) qué parte está limpiando. En la pantalla del móvil se puede ver la zona que te estás lavando y el resultado: si has frotado por la parte interior, exterior y superficie el tiempo suficiente, cada sector de la mordida aparecerá de un blanco reluciente.

Si mantener el anillo luminoso constantemente en verde es una asignatura que no he pasado en estos meses, el cepillo tampoco ha sido capaz de seguir mi ritmo de limpieza. Es incapaz de detectar que estoy limpiándome el sector superior derecho y puede adjudicarlo al inferior izquierdo. ¿Por qué? No lo sé. Probablemente, porque inclino la cabeza mientras me cepillo.

Lo suyo sería lavarse al menos durante dos minutos tres veces al día. Y, si lo haces, en cada lavado una carita te sonreirá o te mostrará los ojos como estrellas. También ganarás medallas conforme vayas cumpliendo retos.

En mi caso, para cumplir con la app y que los seis sectores queden de color blanco brillante necesito al menos tres minutos de frotado. Tal vez por ese motivo la batería apenas me da para unos nueve o diez lavados, así que si vas a viajar más de dos-tres días, conviene llevar el cargador. Afortunadamente, la carga es rápida: en unas tres horas la batería está totalmente cargada.

Yo he probado el modelo series 9. Es el más caro, 279 euros (el iO 7 cuesta 199 y el 8, 219), e incluye, además del cepillo con un cabezal, una funda para transporte y dos cargadores: uno de viaje que se conecta a la funda de transporte y otro magnético muy molón. Es una especie de peana de apenas tres centímetros de diámetro sobre la que se deja de pie el cepillo. La base es magnética y, a la vez que carga por inducción, mantiene sujeto y en pie el cepillo.

Mi sensación es que el cepillado con cabezales de rotación es algo más duro, más mecánico, que el de los equipos tipo Sonicare de Philips, basados en motores por ultrasonidos.

Es cierto que uno de los cambios del actual iO ha sido el motor. Ahora es magnético lo que contribuye a reducir el sonido del aparato y, previsiblemente, a aumentar su vida útil, ya que desaparecen los engranajes. Sin embargo, el efecto en el cabezal es el mismo: rota.

He repasado los análisis y artículos que he ido escribiendo sobre cepillos de dientes y sí, vuelvo a decir lo mismo: los cepillos eléctricos funcionan, quitan más placa que los manuales y dejan una gran sensación de limpieza en la boca. También son más caros que los manuales, hay que cambiar los cabezales y debido a que la vida de sus baterías apenas durará tres años y no se pueden sustituir, habrá que renovarlos como mucho cada tres años.

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