La otra 5G puede ser la más interesante (de momento)

Sin necesidad de que la red de nueva generación esté más o menos desplegada, ya se puede sacar ventaja de sus características exclusivas en proyectos burbuja.

El proyecto de transformación de la fábrica de Ford en Valencia prevé la combinación de la comunicación 5G, el control gestual y la realidad virtual para el control de las flotas en el interior y exterior de la planta. En la imagen, vehículos guiados de manera automática (AVG).

En torno a la quinta generación de telefonía móvil hay un baile de fechas, siglas, datos y conceptos. Subastas de espectro radioeléctrico, desplazamiento de las señales de televisión, NSA (Non Stand Alone, es decir 5G sobre redes mixtas para entendernos), SA (Stand Alone, o 5G puro), Sub 6… La teoría dice que hasta que no esté todo bien alicatado será difícil que disfrutemos de las ventajas que promete la 5G, que van mucho más allá que más velocidad de carga y de subida.

Por más que nuestro móvil esté cubierto por una red 5G no podremos disfrutar de ventajas añadidas en las llamadas si al otro lado de la línea no lo están. Al igual que la resistencia de una cadena se puede medir por la del eslabón más débil, la consistencia de una comunicación la determinará el peor punto de la línea. La pregunta entonces es ¿habrá que esperar a que todo esté conectado por 5G de verdad?

Lo cierto es que ya hay ejemplos de que no es necesariamente así. Al margen de los pilotos que llevan años desarrollando las grandes compañías de telefonía (el último es una colaboración de Vodafone con la Guardia Civil para mejorar la cobertura de la vigilancia en zonas rurales mediante drones conectados con 5G), se pueden instalar antenas 5G para dar cobertura, por ejemplo, a una planta industrial.

En eso se basa el proyecto de transformación de la planta de Ford en Valencia integrado en el plan europeo 5G-Induce.

Quien haya visitado una planta industrial de tamaño medio o grande, o haya visto documentales sobre ellas, se habrá fijado en una rayas pintadas en el suelo y en áreas especialmente señalizadas. Al entrar te advierten de zonas por donde no debes caminar y que tienes que estar atento a unos vehículos que se mueven por esa especie de raíles pintados en el suelo. Son los vehículos guiados de manera automática o AVG, por sus siglas en inglés. Las líneas pintadas en el suelo son guías magnéticas que marcan el camino que deben seguir los AVG.

Precisamente la gestión autónoma de flotas en interiores y exteriores es uno de los pilares en los que se basa el proyecto de transformación de la fábrica de Ford en Valencia: gestionar una flota de AVG combinando el guiado automático con navegación asistida SLAM tanto en interiores como en exteriores apoyada en 5G. La navegación SLAM (Simultaneous Localization And Mapping) es utilizada para que los vehículos robotizados dibujen el mapa del entorno en el que se encuentran y tracen las trayectorias para desplazarse en tiempo real.

La segunda pata de este proyecto transformador, en el que partticipan ASTI Mobile Robotics, Ericsson, Fivecomm, YBVR e Intel, es el reconocimiento gestual. La idea es poder controlar los AGV mediante gestos naturales y sin necesidad de contar con equipo especial como guantes hápticos o gafas de realidad aumentada.

Por último, la realidad virtual permitirá al operario tener una visión de alta calidad. Se trata de que un controlador pueda tener en remnoto y en tiempo real una visión inmersiva y en 360 grados del entorno del vehículo autónomo como si estuviera sentado a bordo.

El proyecto para el que ha sido elegida la planta de Ford en Valencia tiene un recorrido previsto de tres años.

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